Unas obras de canalización del Guadalquivir motivaron la aparición de esta zona de Triana. La barriada La Dársena, cuyas estrechas calles tienen nombres de diversas ciudades españolas, aparece «flanqueada en el plano de 1943 por el tejar del Chocolatero, la calle Cohetería -hoy San Vicente de Paúl- la Fundación Carrere, la avenida de Coria y las obras de defensa», lindando por la parte más cercana al río con una vía férrea destinada a transporte de carburantes. Y es que debido a las crecidas del río, a finales de los años 20 se planteó su desvío a través de la vega de Triana, entre la Cartuja y el torno de los Gordales.

Así lo recoge el Diccionario Histórico de las calles de Sevilla, donde además se apunta que «en su nuevo curso, las aguas ocuparon los terrenos del antiguo cementerio de San José, en Triana, -enclavado en las cercanías de la Cartuja- y las barriadas de este nombre y la de Vázquez Armero, para cuyos vecinos construyó en 1933 la Junta de Obras del Puerto un grupo de casas, denominado la Dársena». Pequeñas viviendas que constaban de dos dormitorios, un pequeño comedor, una pequeña cocina y el servicio de una sola pieza, según apuntó en un artículo el escritor trianero Emilio Jiménez Díaz allá por el año 1977, denunciando los problemas del arrabal.

1.300 habitantes, en 267 familias en total, habitaban esta zona a finales de 1937. Y las condiciones de habitabilidad eran escasas, con techos de uralita, en unas casas de una sola planta que fueron cedidas sin que sus ocupantes dispusieran del derecho de venta sobre las mismas. Sin embargo, fue en el año 1977 cuando empieza a desvanecerse este barrio alejado de la zona más turística del arrabal. Comenzó entonces a demolerse, sin dejar nada de su época originaria, y los vecinos fueron trasladados al Polígono Sur «salvo un grupo de ocho familias que se negaron al desalojo de sus viviendas, lo que provocó cierto retraso en la construcción de la barriada que ocupa esos terrenos, logrando a la vez la obtención de una nueva allí mismo donde llevaban viviendo medio siglo».

La Dársena, la barriada que emigró al Polígono SurLa expropiación, el punto de inflexión

Según explicaba entonces Jiménez Díaz, el terreno empieza a cobrar valor, se crearon núcleos de moderna habitabilidad -Santa Ana, Santa María, Santa Cecilia, Baleares, etc- y La Dársena permanecía inamovible. Edificios altos que contrastaban con las casitas bajas y que, a pesar de la negativa a marcharse de los vecinos, no pudo evitar la aparición de la temida expropiación.

A partir de aquí comienzan además «los múltiples problemas de los vecinos. Todos quieren un piso. Todos lo van a tener dentro de poco. Y aquí empieza el problema: en la forma de adjudicación de viviendas y locales; en la escolarización de los niños en una barriada de nueva creación que, por los problemas burocráticos que sean, no ha previsto un grupo escolar; en el éxodo forzoso a que tienen que someterse los habitantes de La Dársena», aunque tendrían «prioridad» para «volver» una vez construidas las nuevas viviendas -que no serían sociales- «pagando 350.000 pesetas de entrada más costosas mensualidades», explica el trianero. Todo ello, «después de vivir media vida en este sector donde va a especularse».

En total quedaron libres 24.600 metros cuadrados tras abandonar sus viviendas trianeras -propiedad del Patronato- y asentarse en el Polígono Sur -cuya entrada de los nuevos pisos la paga el Patronato para compensar la pérdida de sus casas-. «Se reparten las viviendas según tamaño y conforme a las necesidades de cada familia, pero el problema radica en los locales comerciales, pues son tres -una taberna-bar, una tienda de comestibles y una peluquería de señoras- las industrias que viven de su propio vecindario, que acabarán en la misería si no se les entrega el local».

Como reflejaba en su artículo Emilio, tendrán que abandonar la orilla trianera para acercarse al cauce del Gaudaira, con la pena de tener que abandonar sus casas después de cuarenta y tres años. «Esta es la Triana que no se ve desde el puente».

Imagen principal: Emilio Jiménez Díaz