La Velá es la fiesta más antigua de Sevilla. Tuvo su origen en una desaparecida romería que se celebraba en la Real Parroquia de Santa Ana allá por el siglo XIII. Triana celebra sus días señalaítos de una forma muy diferente a como lo celebraba antes. Investigando en el archivo de ABC de Sevilla hemos recuperado estampas del pasado que reflejan una Velá con mucha más solera y arraigo con la personalidad de un barrio que ha ido perdiendo a sus gentes. Son las imágenes del ayer, estampas desde los años 20 hasta los 80. Sólo algunas perduran. ¿Cómo hemos cambiado?

Contaba el cronista de ABC Manuel Macías Míguez, en 1985, que la Velá «quizás sea sólo un ligero reflejo de lo que en otro tiempo fue. Cuando decimos esto, no lo decimos porque esta celebración fuera más o menos ostentosa en tiempos pasados, sino por lo que de amable y humana tenía. Estas costumbres, estas virtudes, han degenerado y en parte se han perdido, pero nos queda la esperanza de que un día revivirán con mayor pujanza». Hoy, casi 30 años después, hacemos la misma aseveración. Esa Velá de las casapuertas de los trianeros, de las agradables tertulias de los zaguanes, ha dado paso a una fiesta despersonalizada con el arrabal, si bien el Ayuntamiento está intentando devolverle parte de su esencia, intentando eliminar -no sin oposición- los sonidos más propios de discotecas, las botellonas, y darle protagonismo al flamenco como baluarte del barrio y su fiesta. Ahí siguen, no obstante, las moñas de jazmín, los puestecitos de «arvellanas» verdes, los gitanos buñoleros y, sobre todo, la cucaña.

1. Una tómbola ¿en el Altozano?

La Velá tenía una tómbola allá por los años 20

La Velá tenía una tómbola allá por los años 20

En un lugar hoy irreconocible, se celebraba en la Velá de Santa Ana una tómbola muy concurrida. En esta fotografía de Serrano, aproximadamente realizada en el año 1920, se aprecia una zona que bien podría ser el Altozano, por su amplitud y la instalación de mesitas y sillas de enea. Entonces, la poca ayuda municipal obligaba a los vecinos a costear los gastos. Las hermandades veían a la Velá como una manera sencilla de aumentar sus ingresos y por ello solicitaban la instalación de tómbolas y casetas, tal y como afirma Manuel Macías en un reportaje publicado en ABC en 1985.

2. Una cabalgata que no era de Reyes Magos

La carroza de las hermandades en la Velá

La carroza de las hermandades en la Velá

Lejos de la cabalgata de los Reyes Magos de Triana, que es relativamente reciente como aquellas que celebran los distritos de Sevilla, en Triana se celebró en los años 20 del siglo pasado una cabalgata en plena Velá de Santiago y Santa Ana en la que participaban carrozas alegóricas, que representaban a la industria de elaboración de aceitunas o la cerámica, típicas del barrio; carrozas alusivas a la belleza y la alegría o incluso que representaban a las hermandades, como se aprecia en la imagen de la derecha. Estaba costeada por las cofradías del barrio y en ella participaban vecinas, alguna incluso vestida de mantilla.

En la de 1927, como afirma el cronista, a poco tiempo de celebrar la Exposición Iberoamericana de 1929, «Sevilla se sentía optimista. El auge de su industria cerámica, el impulso dado a la forja y a la cerrajería artística, la implantación de fábricas de elaboración de aceitunas y otras industrias habían creado un clima de confianza y de seguridad en el futuro». Precisamente ahora, cuando se va a inaugurar próximamente el Museo de la Cerámica para recordar a los alfareros que son esencia del arrabal, y que están en vías de extinción, traemos a colación este apunte.

En 1927, año al que pertenece esta fotografía, la Velá se celebró con gran esplendor por este optimismo y se organizó una cabalgata de carrozas alegóricas que recorrieron el barrio  por la madrugada. Ganó la carroza de la Alegría y la Belleza. Como indica Manuel Macías Míguez, «ignoramos si en los siguientes años se volvió a repetir aquella exhibición, pero lo que sí sabemos es que tras el desencanto que arrastró su fracaso, Triana perdió la belleza y la alegría por muchos años».

3. Los vendedores ambulantes

Esta curiosa y pintoresca galería de retratos de hombres y mujeres; payos, gitanos y moros; vendedores ambulantes, muchos de ellos con sus tenderetes a cuestas de feria e feria y de verbena a verbena, hicieron el esfuerzo de mantener en pie la Velá trianera. En 1977, la fiesta más antigua de Sevilla agonizaba, Triana ya no era Triana y cada vez había más trianeros en la otra orilla del puente. Entonces, el barrio buscaba otros caminos para reinventar lo que antaño era la verdadera feria de las gentes del arrabal.

4. La conquista de la cucaña

La cucaña atestada de público en 1968

La cucaña atestada de público en 1968

Cientos de jóvenes se arremolinaban en 1968 en las escaleras que dan acceso a la zapata del río de la calle Betis para ver y participar en la cucaña, la atracción santo y seña de la Velá, y que es una de las pocas costumbres que han perdurado hoy día junto con los fuegos. Contaba Manuel Macías que Triana «sabía usar el río con toda la imaginación del mundo». Concursos de toda índole se celebraban como la caza del pato, regatas, natación o pesca -este último sigue también en activo-. «En una ocasión se lanzó al río un cerdo untado de sebo; aquello no era un cerdo, era un reactor, que se escabullía como una anguila. Como no hubo forma de que nadie lo atrapara, hubo que llamar a la Guardia Civil para que lo matara a tiros».

El cronista contaba otra anécdota. «Se organizó una batalla entre moros y cristianos para rememorar la conquista de Sevilla. Ambos bandos, cada uno en orillas opuestas, iban metidos en toneles de madera que se hacían avanzar utilizando las palmas de las manos a modo de remos. Naturalmente estaba previsto que ganaran los cristianos, pero por unas copas de más en el bando de los turbantes las cosas discurrieron de forma distinta: aquella vez ganaron los moros».

5. El puente iluminado

El puente de Triana iluminado en la Velá de 1968

El puente de Triana iluminado en la Velá de 1968

El puente hacía, y sigue haciéndolo, las veces de portada de la Velá. Para llegar, los que no eran del barrio tenían que cruzarlo. Por ello, y como símbolo de la ciudad y del barrio, se engalanaba y se iluminaba con bombillas que dejaban ver de noche esos ojos de hierro de los que escribía este jueves Antonio Burgos. «Triana es una dama que sabe que tiene unos bellos ojos, los de su puente. Por eso presume de puente. Y de ojos». Esos ojos eran aún más bellos cuando el arrabal celebraba su Velá. Hoy en día, esa imagen sería inconcebible debido a la iluminación artística que tiene.

6. Un escenario encima de una gabarra

Proyecto de zona de espectáculo flotante en el río

Proyecto de zona de espectáculo flotante en el río

La zona de espectáculo flotante en el río, en la orilla de Sevilla, en 1979

La zona de espectáculo flotante en el río, en la orilla de Sevilla, en 1979

En 1979, el Ayuntamiento ideó un proyecto para una zona de espectáculo en el Puente de Triana, que fuera flotante, encima de unas gabarras, con tres casetas de feria completas, 3.000 farolillos, equipo de megafonía, 10 boyas de señalización con banderas y 150 metros cuadrados de tablazones de madera. Sí, han leído bien, una gabarra. Como las de la ría de Bilbao. Sólo que aquí llevan desaparecidas más o menos el mismo tiempo que allí. El proyecto salió hacia adelante y, ese mismo año, se estrenó con varios espectáculos que tenían cita en el Muelle de la Sal, en la orilla de Sevilla.

7. El aparcamiento del Altozano

Coches aparcados en el Altozano, que servía de aparcamiento público

Coches aparcados en el Altozano, que servía de aparcamiento público

La foto corresponde a 1979. Si no fuera por el letrero del Banco Santander, y porque éste es un reportaje de la Velá, sería difícil adivinar de qué sitio se trataba. Cientos de coches, la mayoría los Seiscientos que causaron furor por aquellas fechas, usaban el Altozano y la calle San Jacinto como aparcamiento. En la actualidad, la calle es peatonal y en la plaza más famosa de Triana, el parking está bajo tierra. Entonces, los sevillanos podían llegar y pegar, aparcar el coche a la entrada de la Velá… ¿A cuánto estaba la multa entonces?