Cruzar a Sevilla antes de la construcción del Puente de Isabel II se convertía, con el paso del tiempo, en un paseo de alto riesgo. En el mismo lugar donde se ubica el afamado Puente de Triana, se erigió durante siete siglos el Puente de barcas, el único sobre el río Guadalquivir como vía de conexión entre Sevilla, Triana y el Aljarafe. Una pasarela de época almohade, del año 1171, que se mantuvo hasta que la comisión del Ayuntamiento empezó a ver posibilidades.

Diecisiete barcazas llegaron a componer esta emblemática construcción, que se desplazó a la altura de la plaza de toros para construir el puente actual. Y es que durante los años que duraron las obras del Puente de Triana, el Puente de barcas tuvo que ser desplazado para continuar como nexo de comunicación entre ambas riberas. Construido, como su propio nombre indica, con consistentes barcazas de madera, presentaba escollos que debían solventarse edificando una plataforma más resistente. Finalmente, en 1852, el Puente de barcas se desmontó y desapareció de la estampa sevillana, ya que se había inaugurado el tan esperado puente fijo, el Puente de Triana.

Desaparecido del paisaje pero muy presente en la memoria, este puente continúa suscitando gran interés y su recuerdo queda patente hoy día sobre todo en el arrabal. Si hace unos días se presentaba la maqueta del que será el monumento para rendirle homenaje, también salía a la luz un libro sobre este histórico Puente de barcas que tuvo Sevilla. En poco más de 200 páginas, su autor, Francisco Pérez Aguilar, refleja no sólo existencia de esta pasarela que «ha ocupado la historia de Sevilla durante 681 años», sino que además trata otros puentes de barcas de Sevilla y Cádiz.

Los otros puentes de barcas

Puente de San Gregorio en Alcalá del Río en 1903.

«Suscita tanto interés porque fue vital en el desarrollo de la ciudad. Ésta no pudo ser conquistada por Fernando III hasta que Bonifaz no consiguió partirlo y posteriormente todo el entramado social, económico, militar, religioso y fabril de Sevilla estaba supeditado al buen mantenimiento del puente», explica este gaditano nacido en Puerto Real en 1944, residente en la capital hispalense desde hace 61 años.

Jefe de máquinas de la Marina Mercante y director de Proyectos de Astillero de Sevilla, Francisco Pérez ha colaborado en revistas y participado en varias conferencias. Tal fue la documentación para una de ellas que decidió publicar «El puente de barcas de Sevilla (1171-1852) y otros puentes de barcas de las provincias de Sevilla y Cádiz». «El dato más sorprendente que puede encontrar el lector es que, una vez leído, pueda hacerse la reflexión de que cómo es posible que una ciudad como Sevilla, centro del comercio mundial duarante los siglos XVI y XVII y con la importancia que tuvo en el contexto nacional, su desarrollo y economía pudiese depender de un puente construido en el siglo XII con unas estructuras constructivas muy frágiles y que por ende nunca fueron mejoradas. Se llega a la conclusión de que este puente y su desarrollo es un fiel reflejo de la especial idiosincrasia de Sevilla», señala Pérez.

Otras pasarelas de madera

Aunque el autor ha querido recalcar la importancia de este puente, que «curiosamente ha sido tratado de manera parcial», según afirma, no ha querido dejar atrás otras pasarelas construidas con barcas de madera que quizá son menos populares pero que también cuentan con un hueco en la historia.

Los otros puentes de barcas

Puente de barcas sobre el caño Zurraque, paso obligado para dirigirse a Chiclana. Colección Quijano S. Fernando.

«En el libro destaco otros puentes de barcas, unos por cercanía, como el de Alcalá del Río, y un anteproyecto de un puente de barcas que se iba a construir para unir Los Gordales con la calle Betis. El primero se construyó a petición de Luis Medina Garvey en 1900 y sus prestaciones duraron poco ya que finalizaron en 1925 cuando se iniciaron los trabajos para construir la presa. El servicio volvieron a prestarlos tres barcas-puentes», apunta. Y añade que «el anteproyecto no se construyó ya que por aquellas fechas comenzaron los estudios de los planes Brakenbury y Moliní para sacar el río por fuera de la ciudad, actual brazo que pasa por San Juan».

En cuanto a las construcciones similares en la zona de Cádiz, subraya «el construido entre Puerto Real y El Puerto de Santa María para salvar el paso del río San Pedro, frontera entre ambas ciudades. Se construyó en el siglo XVIII para eliminar el servicio existente de barcas por concesión de los Reyes Católicos fundadores de Puerto Real».

Otra pasarela fue la ubicada en el caño Zurraque, «frontera entre Puerto Real y Chiclana de la Frontera para así dar salida a los productos de dicha ciudad en el comercio con la colonias americanas. Se inició su construcción en el siglo XIX permaneciendo vigente hasta 1908 en el que se construye un puente de hierro».