Triana, el barrio con alma de pueblo, acoge en uno de sus puntos menos céntricos una de las hermandades más veneradas. Como cada Lunes Santo, hasta la avenida de Coria confluyen los devotos que ramificados desfilan principalmente no sólo desde el barrio León, sino también de El Tardón, El Carmen o La Dársena. El fervor une a estas zonas periféricas para acompañar y admirar en cada estación de penitencia a las imágenes de Luis Ortega Bru: Nuestro Padre Jesús en Su Soberano Poder ante Caifás y a Nuestra Señora de la Salud.

Hoy es el día en que muchos regresan al barrio que les vio nacer o crecer. Porque como dice el hermano mayor de la Hermandad de San Gonzalo, José Fernández, «uno puede ser trianero por nacimiento, por su hermandad o porque tu familia o una parte siga viviendo aquí». Hoy es el día en que trianeros de origen o de corazón, desean como Fernández que «los cirios se doblen por la calle San Jacinto del calor».

La Hermandad de San Gonzalo, curiosamente, no tiene como titular a San Gonzalo puesto que toma su nombre de la denominación de la parroquia. «La hermandad nace aquí, se funda aquí y reside aquí, nunca ha salido de su parroquia», apunta el hermano mayor. El vínculo entre esta cofradía y los fieles es tal que «San Gonzalo no se explica sin su barrio y el barrio no se explica sin San Gonzalo».

Y en su virtud popular arropa no sólo a los hermanos y devotos, sino a aquellos que más lo necesitan. Su vertiente solidaria excede lo establecido en sus reglas y, según apunta Fernández, «el porcentaje ha ido subiendo de tal manera que destinamos a la bolsa de caridad más de un 40% de las cuotas. Eso no creo que ocurra en ninguna otra hermandad».

Volcada no sólo con su entorno, desde San Gonzalo actualmente se fomenta el voluntariado. «Dar está muy bien pero es fácil. Pretendemos aportar también tiempo para ayudar a los demás, acompañando a personas mayores o simplemente para charlar», sostiene José Fernández. Y es que la tercera edad está muy presente, puesto que además se ha convertido en todo un clásido el acercamiento y la parada del paso en este día ante la Residencia de Nuestra Señora de Consolación, de la Fundación Carrere, ubicada en la avenida de Coria.

La tradición familiar

Pilar vive cada Lunes Santo con intensidad. La devoción se dilata por los lazos consanguíneos hasta alcanzar la docena de familiares que salen en esta cofradía. «Cuando llega el día es puro nerviosismo, comemos en casa de mi madre, siempre la misma comida -patatas fritas con huevo- y todos se visten allí», explica.

El hermano de su madre era costalero y participó en la «primera cuadrilla que hubo, éramos además vecinos» y su pasión por San Gonzalo no tardó en convertirse en tradición familiar. «Mi madre siempre nos ha hecho las túnicas, y mi tía a sus hijos y nietos», sostiene Pilar. Costumbres arraigadas que siguen pasando de generación en generación. Su pequeño Javier de apenas 4 años ya luce capirote en las filas de esta popular cofradía.