El tiempo parece detenido en el 14 de diciembre de 2012. Solo el minutero del reloj avanza en unas instalaciones que acumulan polvo. El árbol de Navidad, símbolo de fechas pasadas, recibe a los escasos visitantes provistos de potentes linternas. Ese día, el techo del edificio quebró llevándose los recuerdos de los socios y dejando un incierto futuro en el Club de Natación Sevilla.

La calle Trastamara, situada en el Casco Antiguo, es testigo desde hace más de 80 años de un movimiento revolucionador en el deporte amateur de Sevilla. Una historia interrumpida bruscamente tras el desplome de parte del techo del edificio del Club Natación Sevilla. Afortunadamente, sin daños personales. A día de hoy, nada. Sin actividad y con la incertidumbre planeando sobre el futuro.