Nunca es tarde si la dicha es buena. Los mayores de la residencia de la orden de San Juan de Dios de la calle Sagasta dan sentido a este refrán cada día. Con una ilusión desbordante, los residentes están al tanto de las nuevas tecnologías. Leen el periódico en el iPad, se escriben con sus familias por email, recuerdan clásicas canciones y se ejercitan con los más novedosos videojuegos. Es lo que llaman envejecimiento activo.

Antonia se conecta día a día a su correo electrónico. «Tiene un mensaje nuevo», lee en la pantalla. Es su nieta, le envía fotos desde Zaragoza, que además le escribe unas líneas. «Hola Abuela, ¿cómo estás?». Rápidamente se pone manos a la obra para contestarle. «Antes, con el teléfono, apenas hablábamos porque tenía miedo de la factura; ahora lo hacemos casi a diario», explica esta octogenaria.