Es rubio, tiene los ojos azules y mide 190 centímetros, una imagen que le haría pasar por un auténtico inglés, requisitos no le faltan. Pero aunque la próxima temporada se vaya a poner los guantes en uno de los estadios más míticos de Londres, la procedencia de Adrián San Miguel, ya ex portero del Betis, no tiene nada que ver con la capital inglesa, él es de Sevilla, más concretamente del barrio de Su Eminencia.

Nació y creció en la calle Chopin y de su infancia sólo tiene buenos recuerdos. «He tenido la suerte de vivir en un sitio en el que todos los vecinos nos conocíamos, y en el que éramos muchos niños que podíamos salir tranquilamente a jugar con nuestro balón a la calle». Sus primeros pinitos en el mundo de fútbol fueron en la escuela de Altair, donde estudió. Reconoce que siempre fue «jugador de campo» y que lo de ser portero fue pura casualidad: «Mi equipo se quedó sin portero y decidí ponerme yo». Eso fue a los nueve años y con tan sólo 10 firmó con el Betis.